Viernes, cuando las diez nubes de la mañana se pelean con las dos ondas de la tarde, yo debajo de los arrebatos me encontraba caminando sobre la acera.
El sol sobre mí, de alguna manera también sobre ti, despidiendo ondas de calor; se encontraba molesto, a grandes alturas de éxtasis y distorsión.
Su cabello dorado tocaba los cuerpos y de alguna manera, el tuyo también; Quemaba mis ropas y las cejas que usualmente sobre mi frente se resguardan, vello por bello, y caballo por cabello se iba espumando como esfuma.
Uniéndose sobre la superficie de la manicura, un glaciar camina sobre la altiplanicie de la cordura. Se derritió, formando un charco a mi alrededor, creció eyaculó en vapor blanco de sabor mojado y olor bocado. Las calzas se extinguieron y mis ganas de verte se murieron.
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