Las mejores cosas vienen en empaques pequeños.
Hay anillos y miradas y nuestros diminutos engranajes dulces que fácilmente podemos comernos con mordidas desesperadas. Están los pasos -los tuyos- las miradas y algunos vasos sucios que contienen gotas de sonrisas sin blusa, amontonadas.
Es por ello que el día de hoy, sentado en numerosas madrugadas puedo contemplar el cielo de nuevo y decir que son los empaques pequeños los que contienen las mejores cosas de la vida; porque las estrellas a lo lejos caben todas ellas en una caja de cartón rojo carbón y la luna se guarda en una envoltura sin premura de sabor a ti.
Las mejores cosas vienen en empaques pequeños porque todo lo entregan en cantidades limitadas; pequeños lapsos de tiempo que congelan el centro sin encuentros de nuestro mundo alterno poco moderno, en donde las migajas caen de tus labios y tus ojos sueltan las gotas cítricas que resaltan el sabor de nuestra curiosa velada.
Los empaques pequeños enamoran porque los sostienes dentro de tus manos sin dejarlos caer para que quizá un día se abran y se salga la luna y sus lunares de órbita y así darle paso a una estrella pequeña para crearnos los eclipses eternos que duran poco y hacernos corto lo eterno que es llegar y buscarte en mi alacena.
Las mejores cosas vienen en empaques pequeños porque pequeña eres tú, y pequeño me hago yo si no hay un día que se haga el siguiente en donde tú y yo en algún lugar del universo a escala que nos construimos, estemos comiéndonos el uno al otro, por que corto es el tiempo y pequeño es el verso en donde estoy yo observando la mejor cosa... que eres tú, pequeño empaque que no supero.