No recuerdo si era de mañana o de noche, quizá estaba yo sobre la luna o en mi coche; lo que si recuerdo es entrar a la casa, con patio y dos plantas; plantas y árboles también.
Al entrar a ella recuerdo que me tragó, como si de pronto mi cuerpo se convirtiera en una pastilla soluble que al entrar se libera, respira y se divide para llegar a todos los rincones de aquella tranquila casa. Una vez adentro, miré sus paredes, las sentí abrazándome con intenciones de no dejarme salir, de quedarme ahí atrapado en el momento, para hacerme parte de un cuento que ha iniciado y que aun no está por terminar; sentí los olores, mezclas sutiles de papeles pintados con pintura al óleo, y el asfalto mojado que invadía la casa con su húmedo y nostálgico aroma, por que afuera.. llueve.
Nunca había estado en aquella casa, aunque al verla me traía recuerdos; nunca había sido parte de aquella casa, aunque al entrar me hiciera parte de su destello. Nunca había pensado ser parte de esa casa y ahora ya no la quiero lejos. Me encontraba por completar un ciclo, después de enredarme en ella, después de haber sido disuelto y a la vez hacerme sentir completo estaba por abandonarla y mirar atrás para nunca olvidarla.
Los pasos se hicieron largos, el suelo me tragaba una vez mas sin masticar, solo para detenerme y justo llegó el momento de voltear, cuando en la segunda planta de aquella casa particular se encontraba ella y no. me miraba ella y no; y yo, corrí hacia ella, y no.
Fragmentos de un sueño que se sintió real, pedazos de una realidad que se hizo fantasía, páginas de una historia que va a continuar, no importa lo lejos, no importa lo cerca; la distancia solo es reflejo de lo que la mente piensa sin parar.