Por que la madrugada se come a trozos, rebanadas pequeñas con crema de cacahuate, reposadas por la nube tostada de las mañanas.
Sentado sobre la silla frente a la mesa de mi vida esperando su llamada, su mirada o su silueta recostada, una foto que me permita tocarla, un vientre suyo con olor a jengibre; Las estrellas locas y la luna sola flotando con los hielos de mi vaso climático, el calor subiendo por el triste bocado que le doy a la madrugada que trozo a trozo se acaba. Y ella y su cuerpo, y ella y su beso lejos de mi, lejos de ser mi crema de cacahuate.